Sunday, January 03, 2016

John Keel: Misteriosas voces del espacio



Misteriosas voces del espacio
Por John A. Keel
(Revista SAGA UFO Special Vol.II, 1971)
Traducción para Arcana Mundi por Scott Corrales

En años recientes, especialmente durante las etapas de “oleadas” de platillos voladores, nuestras ondas de radio se han visto literalmente invadidas por voces guturales que mascullan en un lenguaje totalmente desconocido en la tierra. Lo que tiene asustados a muchos de los que han escuchado estos mensajes – que han confundido a la Comisión Federal de Comunicaciones – es que no provienen de una galaxia distante, sino muy cerca de nosotros.

No pueden decir que no se los hemos advertido.

Señales de radio de procedencia desconocida han inundado nuestra atmósfera desde 1899. Dos generaciones de científicos y astrónomos han disputado sobre el posible propósito y significado de las mismas, a pesar de que se han recibido docenas de mensajes detallados en todas partes de nuestro confuso planeta. Dichos mensajes han sido descritos como “demasiado extraños” como para ser tomados en serio por la comunidad científica o la prensa. Supuestamente provienen de algún grupo alienígenas en el espacio exterior. Si son fraudes, fruto de algún tenaz operador de radio HAM, dicho sujeto se expone a perder su codiciada licencia con tales transmisiones.

Abunda la evidencia de que alguien – una fuente sumamente foránea, por lo que parece, ha desarrollado una técnica para transmitir no solo a los operarios HAM sino a los radios de onda civil (CB), radios de automóviles, walkie-talkies baratos y hasta teléfonos. Los televisores también han comenzado a emitir jerigonza y señales tipo Morse por doquier. Esta actividad es ahora casi universal y en un rápido lenguaje gutural que suena como una mala combinación de alemán y castellano, que puede describirse como gruñidos emocionados. Prevalece en las bajas frecuencias (VLF – frecuencias muy bajas) y en bandas utilizadas casi exclusivamente por algunas estaciones del gobierno. Pero si tienes a tu disposición un receptor de onda corta de buena calidad, tal vez puedas captar este extraño parloteo en el extremo bajo de la banda amateur después de la medianoche durante los meses de marzo-abril y julio-agosto cuando se producen las oleadas OVNI.

He consultado a los aficionados de radio de alto rango y las autoridades en la FCC. Nadie sabe de donde provienen estas señales. Las he escuchado yo mismo en las radios HAM y a pesar de haber recorrido más de 40 países y haber estado expuesto a todo tipo de idioma, jamás he escuchado nada remotamente parecido a este parloteo. La fuerza y la claridad de las señales sugieren que vienen de muy de cerca, y no de alguna galaxia remota.

Desde Long Island, NY hasta Salem, Oregón, los operadores de radio me han comentado sobre señales extrañas, voces no identificadas, y extraña interferencia que se desborda de sus receptores durante las oleadas ovni. En la América rural, los pequeños y razonables receptores CB se utilizan ampliamente para sustituir o complementar a los teléfonos. Su alcance se limita a diez millas o menos. Los walkie-talkies también funcionan en los canales CB, normalmente los canales 9, 11 o 14, aunque los fabricantes estadounidenses utilizan algunos otros) y tienen un alcance muy limitado, restringido a tan solo 300 pies para las marcas japonesas que venden en las farmacias, y unas dos millas para los modelos más caros. Sin embargo, personas con todas clases de walkie-talkies me juran haber recibido sonidos parecidos a los de “un gramófono a alta velocidad” cuando están en las cercanías de supuestos avistamientos de ovnis.
La Sra. Bernice Letter, quien dispone de un radiorreceptor CB en su camioneta, afirma haber escuchado esta rara algarabía durante el revuelo OVNI que afectó a la comunidad de East Hampton, Long Island, en marzo de 1966. En noviembre de 1966, el matrimonio Butler de Owatonna, Minnesota figuró entre los numerosos propietarios de CB que me contaron sobre las voces raras y señales durante la oleada ovni en su zona. Varios periódicos también se pronunciaron sobre el asunto.

“Un peculiar aspecto secundario de las manifestaciones intermitentes de ovnis,” declaró el rotativo Daily Press de Paragould, Arkansas en 16 de marzo de 1967, “es la interferencia radial en la zona inmediata. Los operadores de radio han notado problemas inusuales en sus comunicaciones, que se asemejan a la interferencia radial deliberada (jamming).

Los policías a menudo utilizan los canales CB en comunidades pequeñas, y como ya hemos dicho, desde 1957 la policía en todas partes ha tenido toda suerte de problemas con sus radios.
En marzo-abril de 1967 estuve en Point Pleasant, Virginia Occidental, un poblado en el valle del rio Ohio que se ha visto plagado de ovnis. El transmisor para el departamento del comisario de condado de Mason se encuentra sobre una colina elevada justo afuera de Point Pleasant, encerrado en un pequeño edificio. A las 7:30 p.m. el viernes, 31 de marzo, Doris Deweese de Point Pleasant observó una gran “bola de fuego” que parecía caer del cielo y aterrizar en la colina a pocas yardas del edificio del transmisor. En aquel mismo momento, la radio del comisario George Johnson quedaba inutilizada. La señorita Deweese llamó por teléfono a los bomberos, y tanto carros bomba como patrullas se dirigieron velozmente a la cima de la colina. Por desgracia, el inclinado camino que conducía hasta el edificio estaba prácticamente impenetrable tras los estragos causados por el invierno. Los bomberos y policías tuvieron que continuar a pie. A pesar de la existencia de una quemadura circular en el césped, no llegaron a ver ningún objeto ni incendio, y el edificio estaba intacto e ileso. El transmisor en su interior, sin embargo, no era más que una ruina humeante, y varias piezas clave se quemaron inexplicablemente. El comisario se vio obligado a conmutar a un transmisor auxiliar en el tribunal del condado de Mason, pero de poco le sirvió aquella noche.
Me pasé gran parte de la noche como pasajero en la patrulla del oficial Harold “Sonny” Harmon. La radio de su unidad estaba totalmente inundada de estática en todo momento. Trató de cambiar a varios de los 26 canales disponibles, pero ninguno funcionaba. Posteriormente descubrí que todas las unidades de radio y de onda ciudadana a lo largo de la cuenca del Ohio estaban inservibles aquella noche. El oficial Harmon y yo visitamos la residencia de una importante vecina de Point Pleasant en su hogar en Gallipolis Ferry. La encontramos afuera, mirando las misteriosas luces que flotaban en el cielo cerca de una fábrica que produce combustible para aviones reactores. Tomé mi linterna de uso pesado y le hice señales a los objetos. Cambiaron de posición instantáneamente.
Harmon, un joven listo y serio, no era escéptico. Me dijo que dos semanas antes había patrullado una sección desolada al norte de Point Pleasant – la estación de vida silvestre McClintic – cuando vio un gran objeto circular de color oscuro y con ventanas cerniéndose a pocos pies sobre un estanque artificial. El objeto era absolutamente silencioso, me dijo, y que ondulaba suavemente “como un barco sobre las olas”. Antes de que pudiese salir de su vehículo, el objeto se desplazó silenciosamente sobre la arboleda.



El ama de casa, muy conocida en Gallipolis Ferri por su destacada posición en la comunidad, se había guardado la mayor parte de sus avistamientos (y eran muchos). Harmon tampoco había contado los suyos. El jefe de policía de Point Pleasant en aquel momento era anti-ovni. Pero antes de que finalizara la primavera, muchos escépticos cambiarían de parecer, y con gran rapidez.
Algunas noches antes, la Sra. Mary Hyre, reportera para el periódico Messenger de Athens, Ohio, me acompañó para realizar una vigilia desde lo alto de una colina en Gallipolis Ferry. Era un sitio oscuro y silencioso, estupendo para la cacería de ovnis, pero también servía para llevarse un buen susto. La granja más cercana apagaba sus luces a las 9 p.m., puesto que sus moradores madrugaban. A las 10 p.m. comenzaban a aparecer luces raras en las cimas de las colinas circundantes, que no solo estaban deshabitadas sino que resultaban virtualmente inaccesibles. No existía ningún tipo de camino capaz de alcanzar sus boscosas cimas. No obstante, vimos luces rojas y azules parpadear entre los árboles, y luego surgían enormes bolas de luz brillante que se elevaban por los aires. Resulta casi imposible describir estas luces. Su color es altamente distintivo…cristalino…coronadas por luces rojas con la misma calidad indefinible.
He presenciado el verdadero “gas pantanoso” muchas veces durante mi variopinta vida, y les puedo asegurar que estas luces no estaban relacionadas en absoluto con las brumosas y difusas nubes que resplandecen sobre los densos pantanos en los meses de verano.

Durante esa noche en particular, la del 2 de abril, la Sra. Hyre estaba cansada y decidió dejarme solo a eso de la medianoche. Una hora y media más tarde, a las 1:30 a.m. del 3 de abril, me hallaba sentado en mi automóvil de alquiler comiendo una barra de chocolate y escuchando el programa de Long John Nebel desde la lejana Nueva York. Citaré directamente desde mis apuntes de aquel momento:

“1:35 a.m. – He observado el descenso de un objeto rojo y verde en un barranco a pocas yardas al norte de mi posición. El objeto tenia forma de platillo claramente definido, un resplandor rojo con superficie superior verdoso. Su perímetro está rodeado de luces o ventanillas rojas. La luz roja ocupa el centro superior. No parpadea. No resulta posible determinar el tamaño, pero aparentaba ser pequeño…tal vez no más de 20-30 pies. Pensé primero que había bajado sobre la colina en el trasfondo, pero la inspección del terreno con un foco reflector indica que aterrizó detrás de los arboles a poca distancia de mí.

“1:45 a.m. – Tengo miedo. Maldita sea.”


Correcto, amigos. El intrépido trotamundos y buscador de OVNIS estaba lelo del miedo aquella noche. Casi esperaba ver una comitiva de hombrecitos verdes caminando hacia mí, exigiendo saber por qué les hacía señales con mi linterna. Pero los hombrecitos nunca se personaron.

A las 2:45 a.m. escribí: “He observado una esfera grande y luminosa de color naranja hacer maniobras y descender a lo lejos hacia el noroeste. Desapareció repentinamente. No se trataba de una estrella fugaz”.

La siguiente tarde, llevé al comisario George Johnson, al alguacil Millard Halstead y dos más hasta la cima de la colina. Registramos la zona con un contador Geiger pero no encontramos rastro alguno de lo que había visto esa noche. Pero sucedió algo extraño. Mientras que el comisario Johnson ascendía al tope del cerro, un sonido extraño emanó del radio de su coche patrulla. Sonaba como las voces en un gramófono a toda velocidad. Lo extraño del caso es que su radio no estaba encendida en aquel momento. Lo que es más, para encender dicha radio se requería una llave, y la llave ni siquiera estaba en la chaveta.

El alguacil Halstead había escuchado ese sonido antes…cinco meses atrás. Se había trasladado al parque McClintic para investigar un “monstruo” el miércoles, 15 de noviembre de 1966. El mismo ruido había salido de su radio mientras estaba en su vehículo con los testigos del supuesto “monstruo”.
La Sra. Hyre, veterana reportera con 25 años de experiencia como corresponsal del rotativo Messenger en Virginia Occidental y como colaboradora de Prensa Asociada, vino a verme dos días después de mi avistamiento, un tanto confusa. “Sabes, me he acordado de algo. No sé por qué me he olvidado. Pero esa noche en que te dejé, estaba conduciendo a lo largo de la Carretera 2 cuando vi una enorme bola resplandeciente sentada justo sobre el agua. No era un bote ni nada por el estilo, de eso estoy segura. No me detuve a ver lo que era. Francamente, me asustó. Pisé el acelerador y seguí directo hasta mi casa. Pero me parece raro que me haya olvidado de ello la mañana siguiente”.

Durante las semanas que siguieron, varios automóviles quedaron atascados en el mismo sito en la Carretera 2 en el que la Sra. Hyre tuvo su avistamiento.

Estos raros fenómenos no dejan lugar a dudas de que los platillos voladores interfieren con nuestros aparatos de radio. Me lo han demostrado a mí y a miles de otros.

Si vives en la ruralía, lejos de la interferencia de las líneas de alta tensión y los generadores, puedes escuchar estos sonidos tú mismo con facilidad. Solo tienes que colgar una antena – mientras más larga, mejor – en el patio de tu casa, lejos de los postes telefónicos y otras fuentes de potencia. Conéctala a un amplificador de alta fidelidad. No al radiorreceptor, solo al amplificador. Bien entrada la noche y temprano por la madrugada podrás escuchar una amplia gama de señales de baja frecuencia que van desde siseos hasta sonidos parecidos a grillos. En los días en que se lanzan cohetes, podrás escuchar los extraños sonidos emitidos por el objeto mientras que asciende por la ionósfera. Si se producen avistamientos frecuentes de platillos voladores en tu zona inmediata, tienes una excelente oportunidad de captar las espeluznantes voces guturales que ya he descrito. He escuchado estos sonidos muchas veces, hasta con un pequeño amplificador de bolsillo conectado a una telebobina. Si quieres evidencia de que hay alguien allá afuera, esta es la mejor forma de lograrlo.

Las voces guturales y las señales cifradas no son lo único que se capta. Por años se han producido “fraudes” radiales peculiares. En enero de 1954, la población de todo el Midwest estadounidense supuestamente escuchó una voz rara que salía hasta de aquellos receptores que estaban apagados. “No quiero que nadie se asuste, aunque les hablo desde el espacio exterior. Pero si no detienen sus preparativos para la guerra, serán destruidos.” Más raro aún es que se recibió un mensaje parecido ese mes en el aeropuerto de Londres. “No tengan miedo…serán destruidos.” Un placentero memorándum del espacio exterior.

Dos meses antes, en noviembre de 1953, el Proyecto Libro Azul recibió una extraña carta certificada que parecía ser obra de algún chiflado, pero a la luz de estos eventos, tal vez haya merecido una lectura posterior:

“Nuestras naves han preparado instalaciones para aterrizar en sus planeta en numerosos sitios remotos,” el autor informaba la Fuerza Aérea. “Les hemos dado suficientes demostraciones de nuestras capacidades en velocidad y rendimiento. No esperamos convertir a los incrédulos en este momento. No hay necesidad de que se cunda el pánico entre su población al ver nuestros acercamientos y aterrizajes, puesto que acondicionaremos las mentes para aceptar este hecho. Los planes destructivos actuales formulados para la guerra ofensiva y defensiva nos son completamente conocidos. La superficie de su planeta está en nuestros registros fotográficos. Mediante el control de la luz, podemos poner fin instantáneamente a la producción, la transportación y la comunicación en cualquier momento y en cualquier lugar en su planeta. Nuestros métodos no exigen la destrucción de objeto alguno. Nuestras leyes no nos permiten segar la vida humana. Sin embargo, no nos prohíben controlar mentes. No pensamos interferir con la tendencia actual hacia la guerra destructiva a menos que las condiciones exijan nuestra intervención para asegurar este sistema solar. Esta es una advertencia amistosa”.

Vaya advertencia amistosa. Si no desisten, intervendremos y paralizaremos su planeta. Pero, ¿acaso no hemos escuchado esto antes? Este “fraude” se manifestó como profecía cuatro años más tarde en noviembre de 1957.

La advertencia se difundió a los contactados de 1957, y el 3 de agosto de 1958, los operadores de radio amateur en todo EE.UU. supuestamente captaron una extraña señal en la banda internacional de 75 metros. Una voz masculina, susodichamente “Necoma del planeta Júpiter”, advirtió a los que le escuchaban que las pruebas atómicas estadounidenses podrían llevar el mundo al desastre. “Necoma” habló por un total de dos horas y media en inglés, alemán y noruego, y en su propio idioma, descrito como una “jerigonza musical”.

“Se trataba de la señal más poderosa que jamás se haya captado,” dijo alguno. “Hubo mucho tiempo durante la transmisión para que cientos la sintonizaran, y los operadores de radio llamaron a sus amigos y vecinos, realizando llamadas telefónicas a larga distancia a parientes en otros estados”.

La FCC negó tener conocimiento alguno de la transmisión, nuevamente, así como en 1924, nos enfrentamos con otro “fraude imposible”. El que haya realizado la broma tenía que dominar no solo varios idiomas, sino tener acceso a equipo sumamente poderoso.

Nuestra “respuesta” al mensaje tres semanas después fue el proyecto Argus, detonando una secuencia de bombas atómicas en la atmosfera superior para demostrarle a los del espacio que no nos dejamos intimidar.

Siempre que un operador de radio amateur en los 1950 declaraba haber recibido un mensaje extraño de espacio exterior, automáticamente pasaba a engrosar la fila de los ‘chiflados’. Los primeros experimentadores de esta clase de comunicación aprendieron a mantener sus actividades en silencio, y la gente que sinceramente pensaba que había alguien ‘allá afuera’ tratando de comunicarse con nosotros acababan con su reputación arruinada, y a veces sus mismas vidas, cuando trataban de transmitir sus experiencias al público. Muchos de los ‘chiflados’ no nacieron locos, pero acabaron así. Los únicos dispuestos a escucharles eran los ovnilatras de ojos desorbitados y las ancianitas en zapatos tenis que se reunían todos los años en Giant Rock, California. Así que los contactados bien intencionados acababan siendo absorbidos por grupos de mala fama, desacreditados instantáneamente.
En vez de tratar de correlacionar todo esto, o experimentar con las técnicas de radio que apartemente resultaban eficaces, los “investigadores de ovnis serios” despotricaban y luchaban contra la creciente horda de contactados. Los ovnílogos querían creer en visitantes extraterrestres, mas no en la sorprendente ‘evidencia’ que se iba materializando.

Todo esto acabó siendo suprimido, mas no por el gobierno, sino por los mismos fanáticos de la ovnilogía. No querían que la ‘verdad’ se diese a conocer al público, sino tan solo su propia versión de la verdad.

Un buen número de operadores de radio amateur se integraron al contactismo en años recientes, y aunque muchos afirmaron no sentir interés alguno por los platillos voladores, su interés creció a partir de los mensajes recibidos.

Y los radioaficionados siguen recibiendo señales. Varios de ellos en Kansas captaron una voz extraña en enero de 1967 que mantuvo una conversación sin sentido con C.V. Robinson en Coffeyville, Kansas por espacio de 20 minutos. ¿Otro fraude? Un oficial de la fuerza aérea visitó a Robinson para escuchar su grabación de la conversación. “La voz entró con fuerza al principio,” expresó Robinson, “y luego menguó, dirigiéndose en la dirección de Tulsa, Oklahoma”.

Durante un recorrido del Midwest en 1967, conocí a un operador de radio que había experimentado una larga serie de situaciones extrañas. Me pidió que no revelara su nombre ni su dirección, puesto que pertenecía a la red militar-civil denominada MARS, y su caseta de transmisión está llena de equipo donado por el ejército. Su nombre y dirección figuran en mis archivos y están a la disposición de cualquier investigador responsable. Le llamaré “Sam”.

Sam supuestamente ha escuchado voces extrañas saliendo de sus bocinas mientras que el receptor estaba apagado. Vive en una zona propensa a las oleadas ovni y podemos especular que “ellos” lograron este truco mediante el uso de un haz magnético direccional. Una bocina consiste de un electromagneto que hace vibrar un cono de papel o de tela tiesa. Cuando el cono vibra, hace vibrar naturalmente el aire que le rodea, creando ondas sonoras. Cuando el electromagneto está apagado, como en el caso de Sam y de muchos otros, un haz magnético modulado apuntado contra los alambres que conducen a la bocina, o contra la misma bocina, puede hacer vibrar el cono. Así que resulta posible que una bocina emita sonidos aún con la radio apagada.

Sam es dueño de un receptor VLF poco común y había estado recibiendo las guturales voces del espacio durante meses cuando le visité. Encendió el aparato a eso de las 10 p.m., moviendo el cuadrante a 150 kilociclos, y ¡presto! Una voz extranjera retumbó como si la transmisión estuviese en la habitación contigua. Sonaba como dos hombres conversando mediante gruñidos emocionados. Preparé mi grabadora portátil y grabé varios minutos del intercambio. Jamás había escuchado nada parecido. Pero yo, y otros interesados, hemos escuchado la grabación varias veces desde entonces.
Entre estas partes interesadas figuraron algunas que tienen estaciones de radio secretas en todas partes del mundo. La marina de los EE.UU. mantiene varias gigantescas instalaciones que costarían millones de dólares y tienen el fin de proporcionar comunicaciones con nuestros submarinos nucleares en todo el mundo (la VLF puede penetrar los mares). Para der una mejor idea de su escala, la transmisora comercial de mayor tamaño emite 50,000 vatios de potencia. La Voice of America tiene estaciones que transmiten a 500,000 vatios. Sin embargo, ¡la Union Soviética tiene una estación de radio que transmite a 5,000,000 de vatios! (EWB en Odessa, Ucrania). Y la estación de VLF en Cutler, Maine emite 2,000,000 de vatios. Existen 150 estaciones de VLF en todo el planeta, y aparte de algunos submarinos nucleares, no hay quien las escuche. Pocos amateurs disponen de acceso a equipo de VLF, que de hecho es muy difícil de obtener. Los receptores de la 1ra guerra mundial son codiciados en el mercado de segunda mano.

¿Y qué transmiten todas estas estaciones? Bueno, mandan señales de tiempo para sincronizar los relojes. Pero mayormente son cosas relacionadas con la guerra fría. Teletipos, que suenan un tanto musicales, como la música de gaitas por una bocina. Las transmisiones de voz por VLF son muy difíciles por un número de motivos, y se realizan pocas. Es decir, nosotros no transmitimos las voces, sino que otro las efectúa.

“Toda suerte de extrañas (y a menudo inexplicadas) señales y sonidos de radio aparecen misteriosamente en la onda VLF,” observó la revista Radio-TV Experimenter de abril-mayo 1967.
Quizás muchas de esas estaciones secretas de EE.UU. y la URSS también escuchan silenciosamente todo este parloteo en las bajas frecuencias. Puesto que pocos amateurs tratan de transmitir en VLF, es poco factible que las “misteriosas señales” puedan ser fraudulentas. Las 150 estaciones mencionadas con anterioridad transmiten en puntos fijos entre 13.6 y 27KHz. Pero estas enigmáticas voces se escuchan entre 6 y 8 KHz. De vez en cuando, el gobierno experimenta a baja frecuencia por algunas horas, pero siempre informan a las estaciones amateur de VLF sobre la fecha y la hora.
Alguien viene haciendo uso ilegal de nuestras frecuencias desde hace años. ¿Sabe algo la FCC sobre los ovnis? Ciertamente, los científicos si los saben. Para finales de la década de los ’50, los científicos y astrónomos pugnaban por comenzar la búsqueda de señales extraterrestres inteligentes. En un discurso pronunciado ante los seminarios Karl Compton Taylor en el Instituto Tecnológico de Massachusetts en noviembre de 1959, el doctor Otto Struve dijo: “La probabilidad de captar una transmisión de otro mundo orbitando una estrella lejana es diminuta. Pero no por ello debemos suponer que todas las señales de radio del cielo son de origen natural.” En aquel momento, el doctor Struve era el director del radiotelescopio de Green Bank, Virginia Occidental, y fue ahí que él, junto al Dr. Frank Drake, ingeniaron el Proyecto Ozma, cuyo propósito era buscar señales inteligentes del espacio exterior.



Durante aquella alocada semana de noviembre 1957, cuando los ovnis sobrevolaban todo el mundo, los radioescuchas de onda corta quedaron perplejos ante un raro “patrón de tonos” que se transmitía cerca de la frecuencia de 20.005 utilizada por dos satélites rusos. Tanto Rusia como EE.UU. negaron que dichas señales estuviesen relacionadas con los satélites. “No es nada clasificado,” declaró un portavoz de la FCC al momento, “sencillamente no sabemos de qué se trata”.

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